sábado, 27 de septiembre de 2008

Tres filósofos y una picada

Me acerco a la mesa para agarrar un sándwich de miga, pero cuando mis dedos tocan la masa me doy cuenta que no es de miga, ni tiene fiambre en su interior. -Es una torta frita- me digo a mi mismo, pero más tarde me enterare que se llama pan árabe y que está hecho sin levadura. Se trata de una mesa bastante peculiar es una mesa griega que contiene dátiles, sardinas, quinotos, pan árabe, aceitunas negras, vino tinto y te helado, todo aquello que nunca me hubiese imaginado encontrar en una picada. Una picada tan extraña como el lugar donde se lleva a cabo. Es una especie de depósito con un altillo donde guardan, lo que parece ser, las escenografías de las obras de teatro. Los actores, que resultan no serlo, y los técnicos artísticos hablan sobre la experiencia teatral con las personas que presenciaron la obra, mientras disfrutan del ¨ banquete filosófico ¨.
Me acerco para escuchar a Leonardo Sacco, profesor de filosofía de la Universidad de Buenos Aires y uno de los tres interpretes la obra de teatro Tres filósofos con bigotes, dirigida por Vivi Tellas.
Leonardo habla con dos jóvenes a quienes les comenta que todo lo que sucede en la obra es real y que ellos no son actores, solo hacen una interpretación de sus vidas y de sus profesiones.
-¿Todo es real?-, le pregunto asombrado. - Si, como les decía a ellos, nosotros no somos actores. Tanto la carta que me escribió mi padre como las biografías de Alfredo y Eduardo (los otros dos filósofos de la obra, que también son profesores de filosofía de la Universidad de Buenos Aires) son cosas que sucedieron -.
¿Pero hasta que punto algo es real? ¿Lo real siempre es verdad? ¿Todo lo que percibimos con nuestros sentidos es lo real? Bueno, esta incógnita de lo real es uno de los temas que se desarrollan en la obra de teatro filosófica, que tiene un comienzo bastante irreal.
Mientras espero en la vereda del teatro a que alguien dé la orden de entrada, me doy cuenta que muchas veces había caminado por esta zona sin percatarme de la existencia de este teatro. Será por eso que me detengo en el detalle de una de las paredes del frente que dice ¨ TEATRO ¨ en letras tan grandes que son difíciles de no ver; o en la fachada de la entrada que tiene un toldo que llega hasta el cordón de la vereda que da a la Avenida Sarmiento.
Mientras observo y pienso en todo lo que me puede servir para escribir la crónica escucho que alguien invita a entrar a la gente con motivo del inicio de la obra. Un hombre ciego, de edad mayor, entra acompañado por una señora que lo ayuda agarrándolo del brazo. Espero a que entren unas 10 personas y luego ingreso.
Al entrar a la sala me sorprende ver las butacas como si fueran parte de lo que seria el escenario. Eran tres hiladas con 15 butacas en cada fila. Me siento en la última fila para tener una visión de toda la sala.
Tres hombres hablan y juegan al tiro al blanco con arco y flechas, pero pienso que están acomodando y probando los elementos de la escenografia, ya que cuando ingrese a la sala ya estaban en lo suyo. Tuvieron que pasar unos minutos para darme cuenta que la obra de teatro ya había empezado antes de que entrara el público.
Eduardo, Alfredo y Leonardo, los tres filósofos, debaten sobre la mejor manera de acertar al centro del blanco. Uno dice que lo mejor es no pensar en el momento en que se va a tirar; otro le contesta que lo mejor es usar la razón; y el tercero comenta que en Oriente hay dos situaciones en las cuales el hombre no piensa: en el orgasmo y en la respiración.
Alfredo es el más grande en edad y es el que peor puntería tiene, quizás porque piensa mucho. Leonardo es el segundo en edad y con las flechas anda bastante bien ¿Será porque se paso al monoteísmo? Eduardo es el más chico y el de mejor puntería, seguro que no piensa en nada.
A los cinco minutos de haber empezado la obra una voz que sale de los altoparlantes nos da la bienvenida y da por comenzada la obra, que en realidad había comenzado antes de que entrara el público.
Los tres filósofos dejan el arco y las flechas, se sientan y quedan en silencio mientras se escucha una música. De repente, la música desaparece y los filósofos se levantan de sus sillas. Leonardo se dirige hacia un lavatorio y comienza a afeitarse; Eduardo infla un globo mientras Alfredo lee una cita filosófica. Unos segundos más tarde se escucha una explosión, es el globo de Eduardo que acaba de explotar de tanto inflarlo. Alfredo se queda en silencio.
Todo me resulta sin sentido, no le encuentro la relación al globo y al acto de afeitarse con lo que Alfredo lee. Pareciera que los actores, que resultan no serlo, pasan de un tema a otro sin mantener una relación de coherencia.
Al pensar esto me acuerdo del hombre ciego que es parte del público. Si a mi me resulta complicado entender todo lo que veo y escucho ¿como le resultara al ciego que cuenta con un sentido menos?
En el transcurso de la obra se debaten varios temas filosóficos como la perfección, teniendo como ser perfecto a dios; el concepto de razón desde la filosofía de Kant: conocer es construir; la teoría de Descartes: pienso luego existo, teniendo a los hinchas de fútbol como sus más fervientes seguidores por el ¡vos no existís!
Entre tema y tema hacen un parate para tirar al blanco, funcionando como un descanso para luego iniciar un nuevo debate.
Leonardo cuenta un momento particular de su infancia, donde el padre que esta de viaje le escribe una carta de amor a su madre. Es una carta escrita con mucho cariño y ternura. Me imagino que para Leonardo debe de representar el verdadero amor que se tenían sus padres.
Alfredo centra su historia en su adolescencia cuando participaba de un movimiento comunista en contra de los militares. Cuenta que una vez uno de sus compañeros le pidió que llevara una bolsa (de esas que son de paja y las mujeres usaban para hacer los mandados) con cuatro bombas molotov, y se la entregara a otro compañero que se encontraba en otro distrito de Buenos aires, con el objetivo de hacer la revolución.
Eduardo es descendiente de italianos. Cuenta la historia de su abuela que vino a la Argentina desde Italia con el sueño de tener una vida mejor de la que tenia. Eduardo recuerda su infancia y dice: ¨ Esta es la música que escuchaba cuando era chico ¨. Comienza la música a sonar. Se trata de un chamame que nunca había escuchado, por lo que nose como se llama. Eduardo escucha la canción y camina por el escenario, se acerca a Alfredo y lo invita a bailar. Alfredo se levanta de su silla y comienza a bailar el chamame con Eduardo.
Me causa risa, pero no solo a mí. El publico lanza una carcajada al ver a los dos filósofos agarrados de las manos y bailando el chamame.
Al verlos bailar me acuerdo del hombre ciego que está entre el público. Me pregunto si alguien le explicara lo que está sucediendo ¿Sabrá porque nos reímos?
Que difícil debe ser comprender una situación de carácter audiovisual cuando solo se cuenta con uno de los dos sentidos.
La música se detiene y los filósofos ocupan sus asientos.
Comienza el debate sobre que es lo real, y para explicar la teoría que propone Platón para llegar el conocimiento, los tres filósofos hacen una representación de la Alegoría de la Caverna.
Todas la luces se apagan y en una oscuridad absoluta los filósofos empiezan a dar sus opiniones sobre la idea de lo real: uno dice que lo real es lo que percibimos con los sentidos; otro que la razón nos da la posibilidad de conocer lo real; y el tercero dice que la verdad es lo real.
Sumergidos en una oscuridad total, nuevamente la imagen del hombre ciego reaparece en mi cabeza. Ahora si estamos todos iguales. Estamos todos ciegos, sumergidos en la oscuridad como aquel hombre. Así son todos los días de la vida de aquel hombre, que entró al teatro ayudado por una señora que lo agarraba del brazo.
Leonardo se levanta de su silla y enciende un fósforo. Se dirige hacia una de las esquinas del escenario en busca de una luz portátil.
Alfredo, sentado de espada al público y con la mirada dirigida a la pared, hace la representación de un prisionero de la caverna de Platón.
La Alegoría de la caverna es una explicación metafórica, realizada por Platón, de la situación en que se encuentra el ser humano respecto del conocimiento. De este modo, Platón explica su teoría de la existencia de dos mundos: el mundo sensible (conocido a través de los sentidos) y el mundo de las ideas (solo alcanzable mediante la razón).
Platón describe una caverna, en la cual permanecen desde el nacimiento unos hombres hechos prisioneros por cadenas que les sujetan el cuello y las piernas, de forma que únicamente pueden mirar hacia la pared del fondo de la caverna y no pueden escapar. Detrás de ellos, se encuentra un muro con un pasillo y, seguidamente una hoguera y la entrada de la cueva que da al mundo, a la naturaleza. Por el pasillo del muro circulan hombres cuyas sombras, gracias a la iluminación de la hoguera, se proyectan en la pared que los prisioneros pueden ver.
En este mito, el ser humano se identifica como los prisioneros. Las sombras de los hombres y de las cosas que se proyectan, son las apariencias, es decir, lo que captamos a través de los sentidos y pensamos que es real (zona sensible). Las cosas naturales, el mundo que está fuera de la caverna y que los prisioneros no ven, son el mundo de las ideas, en el cual, la máxima idea, la idea de Bien (o verdad), es el sol. Uno de los prisioneros logra liberarse de sus ataduras y consigue salir de la caverna conociendo así el mundo real. Es este prisionero ya liberado el que deberá guiar a los demás hacia el mundo real, es el símbolo del filósofo.
La situación en la que se encuentran los prisioneros de la caverna representa el estado en el que permanecen los seres humanos alejados del conocimiento; únicamente aquellos capaces de superar el dolor que produciría liberarse de las cadenas, podrán contemplar el mundo de las ideas con sus inutilizados ojos.
Alfredo, el prisionero, logra liberarse de sus ataduras alcanzando al conocimiento, y en este momento, se encienden las luces.
Los tres filósofos caminan hacia una mesa ubicada en el medio del escenario; agarran una manzana cada uno, se la ponen sobre la cabeza y caminan en dirección al público. En el recorrido a Alfredo se le cae la manzana y tiene que retroceder a buscarla. Frente al público, los tres filósofos con bigotes y con manzanas en sus cabezas, cruzan los brazos y nos miran fijamente. Los filósofos se convierten en el blanco y el público en filósofos.
Luego de unos segundos en silencio comienzan los aplausos. Los actores, que resultan no serlo, saludan y nos invitan a compartir una picada filosófica.

1 comentario:

Naty dijo...

Nico: Veo que ya le hiciste los cambios con las cosas que te acotamos, te quedó bien, es una crónica bastante descriptiva. Me gustó como incluiste al ciego a lo largo del texto.